Un momento para mí ☀️
Ayer fue un día muy especial.
Desde niño me han gustado los videojuegos, pero después de muchos años sin terminar uno en ninguna plataforma —siendo apenas un jugador eventual y dedicándome casi exclusivamente al ajedrez—, ayer, después de quizá diez años, por fin terminé mi primer juego en Xbox: Assassin’s Creed Origins.
Me dejó un muy buen sabor de boca. Por un lado, porque pude completar una historia que realmente vale la pena; por otro, porque, aunque los tiempos recientes no han sido fáciles, cada vez encuentro más estabilidad en mi negocio. Hoy está más conformado, tiene más personal y he invertido en tecnología que me ha permitido construir y fabricar mis productos con mayor rapidez y eficiencia.
Assassin’s Creed Origins narra el inicio de una hermandad conocida como “Los Ocultos”, un grupo de personas movidas por el deseo —y a veces por la rabia— de hacer justicia en su universo. Buscan equilibrar un mundo roto y cruel. Es una historia intensa, bien construida, que disfruté mucho.
Pero más allá de la narrativa, lo que más valoro es haber podido dedicarme, aunque fuera muy tarde por la noche, pequeños momentos solamente para mí.
A veces casarse y ser padre por primera vez se convierte en un remolino de tareas y emociones que nos arrebata el tiempo que antes nos pertenecía y lo orienta casi por completo hacia alguien más. No me quejo; al contrario, disfruto profundamente ser papá y tener una familia. Sin embargo, también hacen falta respiros después de un día entero de trabajo, después de dedicar tiempo y energía a la familia y a los hijos: momentos en los que uno pueda desconectarse por completo y dedicarse a sí mismo.
Ya sea para disfrutar del ocio en toda la expresión de la palabra o para hacer cosas que nos permitan aprender, crecer y disfrutar más de la vida, esos espacios personales no son un lujo: son necesarios.